Sueño (primera parte)
Sueño salió por la ventana, estaba decidido a conseguirte. Atravesó la Ciudad de México, llegó al aeropuerto y se sentó, ansioso, a esperar el siguiente vuelo a Bs As… o a Uruguay, lo que saliera primero, de todas formas Uruguay es la 27° provincia de Argentina.
El mal clima del Distrito Federal detuvo los vuelos. Cómo era posible que en pleno verano estuviera nublado, que lloviera tanto, que fuera la peor tormenta eléctrica en ciento cincuenta años. No entendía por qué, si era un sueño, no podía volar o tele transportarse como las caricaturas japonesas.
Se quedó dormido, ¡vaya sorpresa! Nunca había tenido oportunidad de dormir, ni siquiera de día. El tiempo pasó lento, las sillas eran pequeñas y duras, la incomodidad lo despertaba a cada movimiento. Hasta que una azafata le dio la buena noticia. Rumbo Montevideo, con escalas en Panamá y Perú, veintitrés horas. Bueno, podría ser peor.
Clase turista, asiento de en medio, y entre una niña de trece años que estaba mareada aún antes de despegar y una señora con un bebé, Sueño aprendió que no es bueno decir en voz alta que las cosas podrían ser peor. Desde México hasta Panamá tuvo ganas de ir al baño. De Panamá a Perú quería vomitar sobre el bebé y la niña que ya habían hecho lo propio. De Lima a Montevideo estaba convencido de que todo saldría mal, empezó a creer que un duende se bebería el combustible del avión o la máquina caería en picada sobre la selva, después sobre los salares. Si llegaba a Uruguay entero, por lo menos, la aerolínea perdería su equipaje, -aunque también se preguntó, por qué si era un sueño debía llevar equipaje.
Ya en el aeropuerto de Carrasco, Sueño corrió hacia la base de autobuses, el suyo salía justo a las 6:50 de la mañana, una hora y cuarenta minutos después estaría en Punta del Este. Se empezó a poner nervioso, no sabía qué iba a hacer, cómo te encontraría. Llegaba a Punta del Este en pleno invierno y en temporada de clases, seguro no habría nadie. Estaba nervioso, la decisión fue tan apresurada que ahora no sabía si todo el viaje sería en balde, ¿y si no te veía?
Sueño no estaba seguro de hacia dónde ir, te habló por teléfono, pero no tuvo suerte. Sueño se quedó en la playa
El mal clima del Distrito Federal detuvo los vuelos. Cómo era posible que en pleno verano estuviera nublado, que lloviera tanto, que fuera la peor tormenta eléctrica en ciento cincuenta años. No entendía por qué, si era un sueño, no podía volar o tele transportarse como las caricaturas japonesas.
Se quedó dormido, ¡vaya sorpresa! Nunca había tenido oportunidad de dormir, ni siquiera de día. El tiempo pasó lento, las sillas eran pequeñas y duras, la incomodidad lo despertaba a cada movimiento. Hasta que una azafata le dio la buena noticia. Rumbo Montevideo, con escalas en Panamá y Perú, veintitrés horas. Bueno, podría ser peor.
Clase turista, asiento de en medio, y entre una niña de trece años que estaba mareada aún antes de despegar y una señora con un bebé, Sueño aprendió que no es bueno decir en voz alta que las cosas podrían ser peor. Desde México hasta Panamá tuvo ganas de ir al baño. De Panamá a Perú quería vomitar sobre el bebé y la niña que ya habían hecho lo propio. De Lima a Montevideo estaba convencido de que todo saldría mal, empezó a creer que un duende se bebería el combustible del avión o la máquina caería en picada sobre la selva, después sobre los salares. Si llegaba a Uruguay entero, por lo menos, la aerolínea perdería su equipaje, -aunque también se preguntó, por qué si era un sueño debía llevar equipaje.
Ya en el aeropuerto de Carrasco, Sueño corrió hacia la base de autobuses, el suyo salía justo a las 6:50 de la mañana, una hora y cuarenta minutos después estaría en Punta del Este. Se empezó a poner nervioso, no sabía qué iba a hacer, cómo te encontraría. Llegaba a Punta del Este en pleno invierno y en temporada de clases, seguro no habría nadie. Estaba nervioso, la decisión fue tan apresurada que ahora no sabía si todo el viaje sería en balde, ¿y si no te veía?
Sueño no estaba seguro de hacia dónde ir, te habló por teléfono, pero no tuvo suerte. Sueño se quedó en la playa
Etiquetas: Desde el baúl de los recuerdos
