El monstruo que se come a las ratas
Las ratas me petrifican, dicen los freudianos que todo es culpa de mi madre. Cuando era niña, y todavía tenía energía, vivía en un pueblo, en una casa de adobe con cuartos enormes y tapancos en donde guardaban los vestidos ancestrales y el maíz. Por supuesto, también con horarios solares; pese a la existencia de la televisión, en cuanto obscurecia, todos se iban directo a dormir, pero yo, una niña de 4 o 5 años, todavía tenía ganas de jugar, así que simulaba ejecutar saltos mortales de cama en cama, subir a casas muy altas en la cima de los roperos y rayar los terrenos conquistados... hasta que mi mamá se hartaba y me prometía que si no me quedaba quieta vendrían las ratas a comerme.
Siempre he tenido una imaginación voluntariosa, así que de inmediato, veía cómo en la ventana se asomaba una rata antropomorfa, que seguro traería consigo a un ejército de estos roedores listos a darme una reprimenda.
Y aprendí la lección, al ver a una de esas cosas dejo de moverme, me congelo, aunque sea en medio de una calle, tal y como me lo ordenaba mi mamá.
Ya es tarde, otro día termino de contarles cómo conocí al monstruo que se come a las ratas.
Siempre he tenido una imaginación voluntariosa, así que de inmediato, veía cómo en la ventana se asomaba una rata antropomorfa, que seguro traería consigo a un ejército de estos roedores listos a darme una reprimenda.
Y aprendí la lección, al ver a una de esas cosas dejo de moverme, me congelo, aunque sea en medio de una calle, tal y como me lo ordenaba mi mamá.
Ya es tarde, otro día termino de contarles cómo conocí al monstruo que se come a las ratas.
Etiquetas: bestiario
